jueves, 18 de junio de 2015

SOLO SE TRATA DE COMPRENDER

SOLO SE TRATA DE COMPRENDER
¿Comprender es justificar?

Pese a quien le pese Cristina Fernández de Kirchner se dispone a retirarse del gobierno (al menos así parece) con todo su poder intacto. Es más, hasta se podría decir que conserva niveles de aprobación más altos que los propios candidatos que aspiran a sucederla. La demostración de poder realizada en la semana de mayo, la obcecada decisión de seguir aprobando leyes en  beneficio propio, sumado a los últimas anuncios de transformar en ley el derecho universal por hijo, (reclamado hasta por la oposición) muestran al oficialismo, con una capacidad intacta de movilización (como en los albores de su dinastía) y una vocación para conservar la iniciativa política en todos los niveles de decisión de su gobierno, demostrando así, que todavía es capaz de hacerlo en pleno ejercicio de todas sus facultades.

Ya me he ocupado extensamente a través de distintos artículos de ser un crítico implacable de este gobierno y su modo de construir poder, señalando yerros u atropellos en su acción de gobierno, desafiando o ignorando al resto de los poderes de nuestra precoz democracia que se encuentra en un punto de inflexión, al elegir en apenas unos meses, un recambio presidencial que puede cambiar el escenario nacional por los próximos veinte años; es hora entonces, de hacer con la misma severidad, un balance de aquellas cosas realizadas por este gobierno y que nadie  hasta ahora las ha realizado (salvo el propio Perón en su tiempo) en beneficio de vastos sectores de nuestra sociedad necesitados de elementos básicos insatisfechos.
Pese a quien le pese, el argentino medio sabe que este gobierno se ocupó de algunos de sus principales problemas, como son, el trabajo y sus paritarias, el derecho universal por hijo, planes  para los sectores más postergados de la sociedad, políticas de derechos humanos y derechos para las minorías postergadas, jubilaciones un poco más dignas y para los que tienen mejores ingresos como los sectores medios de la sociedad: el auto cero kilómetro, dos vacaciones por año en nuestro país o en el extranjero, equipamiento tecnológico personal y familiar como los teléfonos móviles, computadoras, televisores de última generación y artículos de la llamada línea blanca (cocinas, lavarropas, heladeras) además, estos sectores, gozan de una buena capacidad de ahorro que muestran porcentajes récords de compra de dólares para atesorar (495.277.677 millones de dólares según la AFIP) en el mes de mayo, y así podríamos seguir un rato largo enumerando muchas cosas que hacen al mejoramiento de la calidad de vida del pueblo en su conjunto. Todo esto y otras, se ha dado en llamar por los críticos, como el efecto consumista de la sociedad argentina, sin advertir que nuestro pueblo (y en especial las numerosas capas medias de nuestra sociedad) tiene una alta expectativa de vida que no es lo mismo, lo cierto es que, objetivamente, Argentina muestra todavía niveles de vida altos con respecto a otros pueblos de la región y mucho más si se lo compara con el pasado inmediato de nuestro país (año 2001); en este sentido, si analizamos desprendidos de intereses ideológicos nos daremos cuenta también que el alto porcentaje de adhesión que tiene este gobierno por parte de los jóvenes de entre veinte y treinta y cinco años es debido a que cuando intentaron incorporarse al mercado laboral, no conseguían trabajo o si lo había, se trataba de trabajo precarizado, en ese entonces, esta generación, tenía apenas veinte años, como vemos, ese recuerdo es muy fuerte a la hora de defender intereses legítimos ya que muchas parejas jóvenes que se constituyeron como familia en los últimos doce o quince años tienen al respecto una vivencia mucho más fuerte que una comprensión teórica de los acontecimientos.
Es verdad que priorizar todos estos logros y este despliegue fenomenal de recursos económicos (mucho de ellos a través de subsidios) se fueron realizando a expensas de postergar otros problemas no menos serios que padece nuestra sociedad como la inseguridad, el narcotráfico, la corrupción, crisis energética y otros males endémicos que no se los podemos endilgar todos a este gobierno ya que tienen larga data en nuestra sociedad, en todo caso, si usted quiere, el gobierno es responsable de no haber hecho nada por resolverlos.
Este conglomerado de medidas que pueden ser cuestionadas por cierto, es el núcleo central de la política de un gobierno que priorizó contener primero a los sectores más vulnerables de la sociedad que venían siendo golpeados y abandonados (por los sucesivos gobiernos de todos los signos) a su suerte por las distintas crisis económicas del pasado; recordemos, que el conjunto de estos sectores, deambulaba por las calles de la ciudad y rutas argentinas en demanda de solución a sus necesidades básicas insatisfechas haciendo peligrar en todo momento, la incipiente gobernabilidad. Al mismo tiempo, el gobierno de los Kirchner, eligió fortalecer el mercado interno estimulando a la gran clase media que posee nuestro país, con el claro objetivo de que se produzca un despliegue de recursos económicos en el mercado interno para favorecer (a través de la demanda) a la industria, el comercio y la producción, generando nuevos puestos de trabajo que redundaron en un círculo virtuoso de la economía en general del cual, todos los sectores de nuestra sociedad, fueron alcanzados por alguno de estos beneficios.    
Ahora bien, como síntesis de un escueto e imperfecto análisis, diremos que el gobierno nacional posee un plus por sobre el resto de las fuerzas políticas, esto es, un fuerte liderazgo político, sectores que apoyan incondicionalmente su conducción y sus manejos con una fuerza de movilización territorial e institucional organizada con capacidad decisoria a la hora de implementar políticas o realizar  operaciones destinadas a imponer sus decisiones por sobre las del resto de las fuerzas políticas en pugna que disputan el poder en nuestro país, por lo que no es de esperar, que este gobierno y su gente se vayan a su casa después del recambio presidencial y así solo esperar; mucho más aún, si lo que se espera que suceda, la presidenta tendrá una participación decisiva en el armado del próximo gobierno que en su defecto condicionará al próximo, sea éste del  signo que sea. Quizás, deberíamos agregar aquí, que los Kirchner mantuvieron a raya a todos aquellos factores de poder (militares, sindicales, económicos y medios de comunicación) que históricamente ejercían una hegemonía absoluta en favor de sus intereses de facción o sector. 
Mientras escribía este artículo, fui sorprendido por el anuncio de la incorporación de Zannini a la fórmula presidencial de Daniel Scioli ; la sorpresa no fue que Scioli tuviera un vicepresidente en la formula(obvio)  sino que la sorpresa era quien sería ese personaje y en este caso se me ocurre que la figura de Zannini representa, en caso de que gane esta fórmula presidencial, la presencia de Cristina  en el próximo gobierno y en el poder. Todo este acontecer, no hace otra cosa que ratificar mis dichos en los distintos artículos de los últimos dos años cuando venía diciendo que alguna de estas situaciones posibles podía prosperar.   
En el otro extremo del tablero político, (el espacio opositor) y en el transcurso de los últimos  meses, los candidatos mejor posicionados para “representar” las distintas expectativas de los votantes opositores e independiente, se ven sometidos al ataque especulativo de algunas operaciones de desgaste producido por operadores del gobierno y por la acción incisiva de las encuestas (con una población sensible a ellas que los mantiene en el sube y baja) para impedir acuerdos entre ellos que posibiliten presentar un frente único como alternativa para oponer al gobierno nacional. Todo este armado debería de haberse logrado consensuando una única fórmula que obligue a los candidatos del gobierno a una segunda vuelta donde seguramente perderían las elecciones venideras.  En este sentido, las encuestadoras vienen cumpliendo un rol decisivo al instalar en tiempo preciso y real, a aquellos  candidatos que de por sí solos no hubieran podido visibilizarse en el poco tiempo que resta hasta el cierre de acuerdos partidarios.
Los intereses de la política y sus dirigentes de cara a las próximas elecciones, están configurando un escenario difícil de definir para el ciudadano de a pie. A decir verdad, en el tiempo que resta de aquí a las próximas elecciones, no se ve un solo candidato que privilegie los intereses de los ciudadanos que aspiran a representar por sobre los intereses personales de estos; en ese devenir, se los ve como nunca antes se ha visto, moverse de un espacio a otro sin ningún tipo de prejuicio moral, ideológico o partidario que le impida cerrar acuerdos en busca de una mejor performance para mantener su nivel competitivo con el claro objetivo de perpetuarse en el poder. 
Esta metodología hasta ahora encubierta de la política argentina, nos muestra descarnadamente una ruptura profunda de valores que unos pocos venían sosteniendo con mucho esfuerzo a través de lealtades personales que por lo menos conservaba algunos signos de recuperación del nivel moral y ético de la política argentina; sin embargo, el espectáculo cotidiano de la vida nacional nos muestra lo contrario, el todo vale es la regla, la deslealtad su mejor herramienta y el dinero su único valor. En este cambalache de la modernidad que se ventila cotidianamente por las pantallas de la televisión, los personajes que más se destacan son aquellos que rompen con las barreras morales  sintiéndose “libres” de toda atadura moral, avanzando sin cesar hacia la conquista de su único objetivo, el dinero y el poder.   
Para concluir digamos que el futuro inmediato de Argentina no se visualiza con la suficiente claridad que debería faltando tan poco para el recambio presidencial. En una dispersión de la voluntad de los votantes luego de las PASO entre el frente para la victoria, el frente renovador y el pro (dicen los más optimistas del gobierno) los dejaría ante la posibilidad de ganar en primera vuelta si consiguen sacar el 10% más por sobre los otros dos contrincantes. Si el próximo gobierno, cualquiera sea este, no alcanza una contundente legitimidad, Argentina puede quedar atrapada en una descomunal lucha por el poder convirtiendo a la democracia Argentina en un laberinto sin salida.
Lo cierto de todo esto es que una preocupación se instaló en la conciencia de los argentinos; ¿qué ocurriría si el triple empate de Santa Fé  se repitiera a nivel nacional?   


VICENTE SCORDAMAGLIA

viernes, 15 de mayo de 2015

LA ENCRUCIJADA ELECTORAL

LA ENCRUCIJADA ELECTORAL

LA RENOVACIÓN EN SU LABERINTO
Los dirigentes que tuvieron a su cargo el armado de un espacio renovador en la ciudad autónoma de buenos aires (CABA) no estuvieron a la altura de los acontecimientos y como consecuencia de ello, han fracasado rotundamente en su objetivo. Estos, a quienes Sergio Massa encargó el armado de un frente renovador para competir por la jefatura de gobierno y así potenciar su candidatura presidencial, no solo no fueron capaces de convocar a un candidato representativo para los porteños, sino que, además, dispersaron a todo el arco opositor peronista e independiente que tuviera alguna expectativa en que se pudiera armar un espacio acorde con lo que el común de los porteños estaba esperando. 
Un grupo de dirigentes añejos, desprestigiados frente a la opinión pública porteña, camuflados una vez más en distintas estructuras partidarias como son algunos partidos políticos que de ello solo pueden exhibir el sello y ninguna representatividad electoral, intentó ponerse una vez más por delante de los intereses de los ciudadanos cometiendo los mismos atropellos  del pasado que los llevó a quedar una vez más, lejos de la consideración de la gente. Fueron más importantes sus propios intereses que las expectativas de los potenciales votantes en un distrito, que si bien no aporta un número decisivo de votos, pero si es la vidriera nacional que marca la tendencia de las grandes ciudades del país.
Por otro lado (y esto me duele decirlo) en el otro extremo generacional, un grupete de nuevos dirigentes, inexpertos, arrogantes y soberbios irrumpieron en el escenario porteño creyendo que por el solo hecho de ser jóvenes se ganarían (mágicamente) la representatividad de la gente, dilapidando en el mejor de los casos la oportunidad que muchos de ellos estaban esperando para buscar suplantar con mejores valores personales (que la generación que la precedió) establecer nuevos vínculos con los ciudadanos de la ciudad capital, la construcción de una verdadera renovación de ideas, de prácticas y dirigentes más probos.
Estos jóvenes portando tan solo su estado generacional (estado natural en un momento temporal de la vida que no constituye un valor en sí mismo) se presentaron en la política de la ciudad autónoma de Buenos Aires, convocando sin ningún argumento valedero más que el de ser nuevos en la política (como si eso los eximiera de todo pecado)  apelando tan solo el nombre de Sergio Massa, para promover así un proceso renovador en la ciudad. En esa carrera contra el tiempo para formar una dirigencia nueva más creíble, se mimetizaron con sus antecesores repitiendo prácticas, discursos y deslealtades múltiples, que no les permitió diferenciarse (desconociendo que la CABA es el distrito más complejo del país) de ellos, completando así el descalabro actual de las expectativas transformadoras. Ambas franjas de los límites generacionales de la política “renovadora” de la CABA se asociaron para construir un sonoro fracaso y contribuir así, a la crónica de un final anunciado.
Ambos segmentos del frente renovador, cometieron el mismo traspié a la hora de exponerse de cara a los ciudadanos porteños, no les importó pensar que la renovación no es solamente un cambio de caripelas más o menos “bonitas” sino que lo importante de una verdadera renovación son los cambios de contenido de la política acompañados con valores personales en los cuales la ciudadanía se pueda identificar antes de depositar su confianza en una candidatura.
De este modo, la mediocre participación (con un candidato de emergencia como fue el economista Guillermo Nielsen) en las elecciones internas (PASO) con apenas el 0,9 % de los votos, lesionó seriamente el futuro del candidato presidencial Sergio Massa que buscó como recomponer su imagen para tener alguna chance de cara al futuro con dos acciones simultáneas, la primera: relanzar su candidatura en el acto de Vélez (para mostrar que no ha perdido poder de convocatoria frente a la gente) y la segunda el armado de un frente más amplio (Unidos por Una Nueva Argentina (UNA))junto a un dirigente histórico del Peronismo Nacional como lo es Juan Manuel De La Sota.
En este sentido es importante señalar que esta no es una elección intermedia como lo fue la que catapultó la figura de Sergio Massa como candidato a diputado nacional y eventual presidenciable, en ese caso la renovación en cuestión se pudo dar el lujo de experimentar una serie de operaciones que redundaron en potencial beneficio a futuro, escondiendo bajo la alfombra las impurezas de algunos dirigentes; esta, es una elección presidencial que se supone cambiará el rumbo (al menos eso cree la mayoría) y el modelo de país que hegemonizó el Kirchnerismo en los últimos doce (12) años y que pretende seguir monopolizando aun fuera del poder, por tanto, aquel que aspire a su remplazo deberá contar no solo con los atributos personales indispensables sino además el coraje necesario de enfrentar cualquier contratiempo minimizando yerros políticos que mellen las aspiraciones presidenciales de los dirigentes que están en la oposición.

CANDIDATOS EN EL SUBE Y BAJA
Si el supuesto que acabamos de describir es el correcto, veamos con atención como se va configurando el escenario electoral para los otros candidatos de esta contienda presidencial.        Es indudable que el ascenso del ingeniero Macri luego del rotundo triunfo de la CABA lo colocó en una mejor situación que la que ostentaba antes de las PASO porteñas, la expectativa generada promovió la toma de posición inmediata de algunos dirigentes nacionales y provinciales que potenciaron su candidatura ubicándolo como el principal candidato opositor al gobierno nacional; la construcción del PRO en ese sentido, avanza en popularidad pero todavía no logra una consolidación a nivel nacional de su figura y mucho menos su estructura partidaria teniendo que realizar una serie de alianzas con otros partidos locales según la fortaleza distrital que estos tengan. 
Sin embargo en este sube y baja de los candidatos presidenciales que han logrado instalarse en el escenario electoral, nadie tiene la verdad revelada con respecto al momento histórico que vive nuestro país que, a decir verdad, es harto más complejo de lo que muchos creen. Si como se desprende del discurso de la Presidenta de la Nación con respecto a la bajada de sus propios candidatos que no miden, pareciera entonces expresar una segura resignación a volcarse por el que más mide de todos ellos, en este caso es el propio Daniel Scioli, configurándose entonces, un verdadero dilema electoral a la que parecía ser una segura polarización entre el gobierno (con Daniel Scioli candidato) y el opositor elegido por Cristina el ingeniero Mauricio Macri. Si esto es así, los más entusiastas del gobierno apostarían a sostener a Sergio Massa (a pesar de que cada día que pasa se debilita frente a los otros dos oponentes) en las PASO para intentar ganar en las elecciones nacionales en primera vuelta esperando sacar una diferencia con respecto al segundo de más de un 10% de los votos.
Lo cierto de todo esto es que, cualquiera sea el resultado electoral y gane un candidato oficialista u opositor, el futuro político nacional no será un lecho de rosas por donde transite la democracia argentina en busca de un futuro mejor, más bien lo que se visualiza es una feroz lucha por el poder entre el candidato que gane y el Kirchnerismo que intentará marcar la agenda en todos los ámbitos de la nación con la clara intención de un retorno al poder en el menor tiempo posible.

LA CICUTA PARA EL JUEZ FAYT                            
Ahora bien, pero si todas estas especulaciones favorecen al gobierno ¿por qué entonces el juez de la corte Carlos Santiago Fayt se transformó en el enemigo número uno del Kirchnerismo? La respuesta se cae de maduro: es por tener el control del tribunal que entiende en las principales causas judiciales del país que involucra a más de un dirigente del gobierno (anqe familia) que gobernó la Argentina durante doce años; esto es más o menos así: si el gobierno controla la corte, le da lo mismo quien gane las próximas elecciones ya que controlaría la principal herramienta que le quedaría a la oposición y en el peor de los casos a su propio candidato, de avanzar sobre eventuales juicios de corrupción que involucra al gobierno actual y sus ministros. El gobierno no quiere dejar nada al azar antes de irse, dejar las condiciones institucionales favorables para un pronto retorno al gobierno, es su objetivo principal ya que, pretende con todas estas reformas de fondo condicionar al próximo gobierno, aún desde el llano, para luego si fuera necesario con una diligencia administrativa hacerse de nuevo con el poder. 


VICENTE SCORDAMAGLIA

lunes, 13 de abril de 2015

LA DUEÑA DEL RELATO

LA DUEÑA DEL RELATO
¿CASTING O CANDIDATURAS?

Poco a poco se van apagando los efectos del impacto profundo que significó la muerte del fiscal Nisman para el mundo democrático en general y para Argentina en particular. El gobierno nacional impulsado por la decisión del juez Rafecas de no darle curso a la investigación que involucra a la presidenta (y otros) por encubrimiento del atentado a la AMIA y el posterior operativo montado para enlodar la investigación y sepultarla definitivamente en el cementerio de las causas justas, (vanidades estas de la política nacional)  situaron nuevamente al gobierno de Cristina, al frente de la iniciativa política nacional alejado de la diatriba cotidiana, los fantasmas de toda amenaza de golpes, complots y operaciones desestabilizadoras que sobrevolaron la política de nuestro país en el último año del recambio presidencial.

Las fechas electorales comienzan así a determinar la agenda política de los argentinos transformando  el caso Nisman en un episodio del pasado rebelando una vez más, el errático destino que construye nuestro país para encarar investigaciones y sucesos oscuros ocurridos en el seno del poder.
En este contexto y luego de manifestar tanta indignación por lo ocurrido (el 18F) los argentinos se “satisfacen” al menos, con saber que en poco tiempo más, tendrán la oportunidad de elegir a un nuevo gobierno que limpie las impurezas del pasado inmediato para subirse con decisión y esperanza a un nuevo comienzo que presupone la expectativa del gobierno por venir.   

Los frentes electorales trabajan a destajo por conseguir candidatos que encabecen sus listas para potenciar su proyección en las encuestas y así entrar en las primarias abiertas (PASO) con alguna posibilidad de triunfo; allí, todo vale a la hora de seleccionar candidatos pareciéndose más a un casting televisivo que a la selección de dirigentes surgidos de sus propias filas con formación política y catadura moral e intelectual.

Sin embargo, en los últimos años de democracia, nunca existió una oferta electoral tan amplia de las distintas fuerzas políticas que se presentarán en las primarias abiertas de este año, al punto tal de que los candidatos, dos del oficialismo y dos de la oposición con chances reales de competir por el premio mayor, apenas se distinguen unos de otros, ya que, poco se sabe de la ideología que los motiva y cuáles son sus argumentos estratégicos para convencer a los argentinos acerca de sus bondades electorales.     
En este contexto me surge un interrogante que de descifrarlo, sería la llave para comprender las reales expectativas de los argentinos ¿Qué relato puede esgrimir Scioli, Randazo, Mazza o Macri después del paso del Kirchnerimo por el poder?; a mi modesto entender, solo dos: prácticas políticas y renovación dirigencial; esto no incluye laudo (el veredicto final le pertenece al pueblo) es decir cuál de ellos está en mejores condiciones de gobernar a los argentinos después de doce años de gobierno Kirchnerista.  

El Kirchnerismo como fenómeno sociológico (difícil de descifrar) es un conglomerado de contradicciones fenomenales,  construyó su poder desde una transversalidad que abarcó desde la derecha pasó por el progresismo de izquierda y tiene su anclaje final en el peronismo, el más radicalizado de ellos.
Construye poder desde un enfrentamiento continuo con el objetivo de polarizar las opiniones de los argentinos y para ello apela a discursos versados fuera de tiempo creando un contexto artificial que le permite justificar su errática acción de gobierno creando identidad y homogeneidad entre sus seguidores.
En este sentido, sostiene la necesidad de reforzar el relato casi a diario para mantenerlo activo bajo protección de que la realidad no erosione su contenido.

Así, el Kirchnerismo, en su rumbo épico, es el paladín de la historia y utiliza un discurso acorde para combatir al imperialismo, a los poderes económicos concentrados, a los medios hegemónicos, el que lucha por la soberanía política y la justicia social, la independencia económica, la democratización de la justicia, lucha por los derechos humanos, protege a los desposeídos, combate el ataque especulativo de los fondos buitres y cuanto mal ande dando vueltas por este mundo; esto es así, porque se instaló desde las usinas del poder, la idea de que los argentinos se han desencantado de la política y en consecuencia, de su sistema democrático. Se impuso así, la idea de que este “movimiento” es el sustituto perfecto de la falta de representación que tienen los partidos políticos tradicionales; en verdad, esto es una media verdad.

Esta suerte de “movimiento ideológico” germinó sobre el vacío político e ideológico que dejó el colapso del sistema de partidos que dejó la crisis del 2001; fue la tierra fértil que abonó el Kirchnerismo para estructurar su relato y construir en base a ello un poder que perdura a pesar de su fecha de vencimiento en la estructura de poder institucional y que amenaza con prolongar su hegemonía más allá de las próximas elecciones aun perdiendo las elecciones generales.     

En este sentido, el Kirchnerismo en el poder (y así lo hará en el llano) defiende su modelo a ultranza sin perjuicio de inventario sabiendo que ha dejado a sus oponentes sin discurso épico y que solo les queda el “débil” resquicio de las innumerables denuncias, de las cuales, la mayoría de ellas quedaran en el arcón de los recuerdos para ser investigadas en un futuro lejano por algún historiador cuando estas ya no puedan producir efecto alguno sobre las instituciones de la república.

Finalmente la presidenta sabe que es la única que puede polarizar la elección nacional y transformarse en la principal electora, condicionando a un candidato propio o en su defecto elegir al contrincante que mejor le calce a su proyecto.



VICENTE SCORDAMAGLIA

martes, 10 de febrero de 2015

DEMOCRACIA VIGILADA

DEMOCRACIA VIGILADA

"Claro que soy un hombre de principios. Ahora, mi primer principio es el pragmatismo"
Lloyd George

Los argentinos comenzamos a transitar el último año de gobierno de la familia Kirchner que ha hegemonizado el poder y regido la vida de los argentinos durante los últimos doce años. Primero Néstor y Cristina después, han sabido construir poder a partir de estructurar un relato y un manejo discrecional de los fondos del Estado lo que les permitió comprar voluntades a diestra y siniestra.  

Desde el inicio de su gobierno recorrió una primera etapa transversal que le permitió desprenderse y dejar en el camino a su mentor Eduardo Duhalde y su aparato político: el PJ bonaerense; la maniobra consistía en dejar libre de ataduras y condicionamientos a su gobierno que adolecía de legitimidad al asumir el mandato con muy poco apoyo popular, dado que el abandono de su contrincante, Carlos Menem, desistió de presentarse a la segunda vuelta electoral y así hacerse con el gobierno nacional con apenas el 25 % de los votos.    

Néstor sabía que tenía el gobierno pero no el poder; en los próximos dos años comenzó un proceso de coptación de aquellos dirigentes que tenían lealtades con el gobierno anterior del doctor Duhalde, como ser: Daniel Scioli, Alberto Balestrini, José Pampuro, Aníbal Fernández, Eduardo Caamaño, Ginés González García y otros que forman una larga lista. Simultáneamente con esta operación incesante de toma del poder, se procedió a desmontar las lealtades de los gobernadores de las distintas provincias, que como todos saben son absolutamente dependientes de los fondos del estado nacional para subsistir, y concluyendo con este nuevo montaje, el ingreso de los sectores que hasta ese entonces habían sido los más activos en cuanto a la movilización popular (los movimientos sociales, grupos de piqueteros y de derechos humanos) como son los grupos de choque y presión política. Finalmente para coronar un ambicioso y triunfante plan de poder, no podía faltar el movimiento obrero organizado agrupado en la CGT oficial como así también a aquellos que se congregaron al margen de él como son la CTA y otros un poco más independientes.  

Con esta estructura del poder político y con el poder que les dio el estado nacional, sabedores de que si los factores de poder no participan del reparto nacional, conspiran, Néstor, se dedicó a abrir todos los frentes de conflicto de esos sectores de poder con el convencimiento de fracturarlos en su propia trinchera.  Así se peleó con los militares, el campo, los medios de comunicación, los empresarios, la justicia y todo aquel que pudiera entorpecer su incesante avance hacia la suma del poder político, legislativo, judicial y económico de la Nación.

En el plano internacional con el apoyo de Hugo Chávez, en un contexto regional que favorecía este modus operandi (Cuba, Venezuela, Ecuador, Bolivia y Argentina fundamentalmente) el gobierno argentino radicaliza su enfrentamiento contra EEUU con la misma metodología empleada en el frente interno con el fin de identificar según su creencia, al enemigo externo ideal, permitiendo como resultado de este enfrentamiento “imaginario” sumar a todos aquellos sectores que sostienen este conflicto ideológico histórico legitimando así el relato Kirchnerista.

Finalmente como consecuencia de este persistente accionar, el Kirchnerismo dividió a toda la sociedad argentina con la lógica de buenos y malos, fracturando literalmente a toda la sociedad, dejándola con un insignificante conjunto de políticos con escasa representación y con difícil pronóstico de organizar oposición a su gobierno en el corto plazo.
Néstor primero y Cristina después, exhibieron una herramienta que se materializó en práctica política distintiva de sus gobiernos, los servicios de inteligencia del estado nacional; todo aquel (persona o sector) que no aceptara sus condiciones, era sospechado de ser culpable de haber cometido algún “ilícito” (por el solo  hecho de pensar distinto) por lo cual era objeto de denuncia y posterior investigación, para luego sufrir los aprietes tanto de los organismos del estado o en su defecto sufrir las presiones de los grupos de choque afines a su gobierno y sus políticas. La construcción del poder Kirchnerista fue directamente proporcional a la pérdida de libertad del pueblo y nuestras instituciones.   

Todo este acontecer histórico que resume los años del Kirchnerismo, se produce hasta que la muerte de Néstor Kirchner produce dos episodios que en simultáneo, significaron el “ascenso y la tragedia” del grupo gobernante; entre el fallecimiento de Néstor el 27 de octubre de 2010 y las elecciones del 23 de octubre de 2011, Cristina es reelecta por el 54% de los votos, máximo poder alcanzado hasta la fecha por la familia Kirchner (nace el Cristinismo)  en ese mismo acto de euforia, la presidenta reelecta instala una consigna temeraria ¡vamos por todo! punto de inflexión este que marcará el comienzo de su declinación en el poder hasta la fecha. (Recordemos aquí que Néstor era el precandidato para esas elecciones)

Luego de la última derrota electoral en donde el oficialismo intentó por todos los medios la imposible reelección, y acosado por las distintas denuncias de corrupción y otras irregularidades, el gobierno de Cristina se dedicó a forzar una serie de leyes con el claro objetivo de cubrir una salida más o menos decorosa del poder, esto fue, “ganar” batallas a lo Pirro en las dos cámaras de Senadores y Diputados que le produjeron enorme desgaste frente a la opinión pública. Pero si bien y a pesar de todo se venían cumpliendo los objetivos trazados por el gobierno para resistir desde la oposición una vez entregado el poder, otra vez sucedía lo inesperado, la realidad obstinada y persistente por más que se la quiera silenciar nuevamente llamó a su puerta en el inicio del año electoral, esto es, frente a la proximidad de cambio de la jefatura política nacional, la interna de los servicios (herramienta favorita de este régimen) le estalló en la cara desatando una guerra (literal) entre bandas  antagónicas mostrando lo que son capaces de hacer si su poder se licua.
  
El año electoral comenzó de la peor manera, la muerte del fiscal Nisman; quien estaba  investigando al gobierno argentino por considerar que había incurrido en encubrimiento acerca de la conexión Iraní en el atentado de la AMIA y de la embajada de Israel en Argentina, mediante un acuerdo con el gobierno de Irán y en la víspera de presentar su informe en el Congreso de la Nación, es encontrado muerto en su departamento con un disparo en la cabeza. Este episodio que todavía mantiene en estado de alarma y estupor a toda la sociedad argentina (e internacional) exige el pronto esclarecimiento de la verdad de lo acontecido, ya que este magnicidio puede significar un punto de inflexión entre la credibilidad de la política y la gente, arrastrando definitivamente con  el frágil equilibrio institucional que ya existe entre los poderes político, judicial y legislativo y terminando por llevarse puesta a la democracia. 

Frente a la pérdida de la iniciativa política, el gobierno de Cristina y sus funcionarios se abroquelan en el interior de su relato falaz dando manotazos de ahogado, instalando nuevos proyectos de cambio (para que nada cambie) para encausar el oscuro mundo de los servicios y amortiguar la irritación creciente de la gente a sabiendas de que es el propio gobierno y su responsabilidad quien debió cuidar al fiscal Nisman. 
El episodio en sí, que se parece más a una serie norteamericana y no a la vida real, puso al pueblo argentino de cara a la verdadera situación de la realidad de un gobierno que abusó de este instrumento de extorsión propio de las dictaduras de otrora para espiar y disciplinar a sus adversarios políticos, empresarios y dirigentes sociales sin importarle la legitimidad de esas prácticas.  Ahora el conflicto, errático en sus objetivos, con su cadena de mandos desmembrada, asume su propia lógica amenazando con convertir a sus patrones de los últimos doce años en las victimas de sus desgracias acosando con sus informes enmarañados y su accionar impune en las sombras de la noche a convertir a una Argentina sin rumbo y acechada por los peligros de sujetos peligrosos que solo obedecen a sus propios intereses de facción.    

   
VICENTE SCORDAMAGLIA



miércoles, 21 de enero de 2015

Estupor y acción por el disparo en la víspera.


Estupor y acción por el disparo en la víspera.
La muerte de Alberto Nisman, más allá de quien la haya ejecutado, además de un trágico desenlace personal expresa un criminal atentado contra una Justicia a la que también se le ha puesto un disuasivo revolver en la nuca. Es el epílogo de un hostigamiento de larga data que llega luego de la intención aun vigente de manipulación gubernamental de los fiscales. Es un brutal y extorsivo mensaje para silenciar a uno de los poderes del estado, mientras el otro está impúdicamente paralizado en la “obediencia indebida” de una circunstancial mayoría.
Frente a la denuncia y la amenaza escandalizadora de las evidencias alguien eligió la vergonzante intangibilidad de las sospechas. Junto a ello el balazo ensayaba el inútil propósito de reinstalar el temor y la impotencia. Pero esto ya no es posible porque ha llegado la hora de abandonar la perplejidad y la mera indignación para movilizarse e involucrarnos en exigir:
- A la Presidenta de la Nación, Cristina Kirchner, para que realice una conferencia de prensa  abierta a las preguntas de los periodistas, en la que anuncie un inmediato llamado a sesiones extraordinarias del Congreso Nacional; y su compromiso a respetar tanto la labor independiente de la Justicia como el actual cronograma electoral.
- A la oposición para que converja en garantizar: a) La anulación del Memorando firmado con Irán; b) La investigación a fondo de la muerte del fiscal, de su denuncia y de la causa de la AMIA; c) La interpelación del Canciller Héctor Timerman, la Procuradora Alejandra Gils Carbó y el Secretario de Seguridad Sergio Berni, c) El efectivo control democrático de los servicios de inteligencia.
Glady Vizcarra, Carlos Acevedo. Juan Carlos Giménez, Ängel Barbona, Carlos Trujillo, Ricardo Papa, Silvia Scordamaglia, Guillermo Rosende, Dardo Robles, Fenchu, Juan Carlos Añon,  Claudio Vinci, Dante Oberlin, Mariano Rovatti, Vicente Scordamaglia, Orlando Novara.
Si está de acuerdo reenvíe este mensaje a todos sus contactos agregando su nombre al pie del presente.

Buenos Aires, 21 de Enero 2015

martes, 25 de noviembre de 2014

LA ARGENTINA DEL TOMA Y DACA

LA ARGENTINA DEL TOMA Y DACA

Los ingenieros políticos de los frentes electorales vienen trabajando a destajo para hallar la fórmula que potencie aún más a los candidatos presidenciales ya lanzados a la contienda electoral del 2015. En esta nueva lógica que muestra a la política argentina en una cooptación sistemática de candidatos sin importar color partidario e ideológico, se asocian hoy, para enfrentar al gobierno nacional en la coyuntura electoral, haciendo uso de un pragmatismo extremo, que junto al armado de frentes electorales, y por fuera de los agotados partidos políticos, define a La Argentina de estos tiempos como un campo experimental que desafía a las nuevas tendencias democráticas que se consolidan en todos los países (con sus matices propios)  del continente con excepción de Venezuela y Cuba.  

La disputa por conservar el centro de la escena política nacional se ha transformado en el objetivo táctico más importante que va, desde todo el arco opositor, como así también dentro mismo del oficialismo. Como es sabido,  quien toma la iniciativa política es el que establece la agenda a seguir y el resto se convierte en contestatario a esa agenda ya instalada por el otro en donde todas las fuerzas políticas,  corren de atrás; esto es lo que sucede entre el oficialismo y la oposición.
Después de la última derrota electoral de 2013 que sufrió el gobierno, en la cual quedó arrinconado por la oposición por un breve tiempo, sumado a cirugía cerebral a la que fue sometida Cristina, lo que generó una escasa actividad presidencial, asumió en ese contexto como jefe de gabinete el Coqui Capitanich, con la difícil tarea de suplir a la presidenta en el duro oficio de tener que argumentar con sentido épico las marchas y contramarchas a las que se ve sometido el gobierno nacional y sus funcionarios; si hasta se pensó que comenzaba una nueva etapa en donde el jefe de gabinete controlaría la acción de gobierno y la presidenta administraría el poder, algo parecido a un sistema parlamentario; pero poco duró el experimento al perder el gobierno la iniciativa política y la señora tuvo que ocupar el rol que más le gusta, arengar a la tropa para un lado y para el otro desde la tribuna principal que le da la condición presidencial y jefa política del Frente para La Victoria. 

Es que Argentina todavía es un país en donde el poder es omnipresente y por fuera de ello la política es insuficiente, es decir, se genera un vacío de poder por donde (es preciso decirlo) se imponen los especuladores que siempre se favorecen a costillas de los pueblos sin conducción política que ejerza el poder. En este escenario, la presidenta de los argentinos y el Frente para la Victoria se mueven como pez en el agua, ya que, la manipulación de la realidad a través del relato (siempre estructurado sobre semiverdades) es lo que le dio el plus de ventaja frente a sus opositores que por ahora no consiguen sacarse ventajas entre sí para impulsar un liderazgo desde la oposición. 
La banalización de la política se enseñorea por sobre las propuestas y el gran elector que es el pueblo, asiste a ella como si se tratara de un espectáculo teatralizado en donde abundan cuestiones personales y chismes de los candidatos propios de un viejo conventillo de otros tiempos de la Argentina; en este sentido los medios de comunicación son quienes mediatizan el mensaje entre la gente y los candidatos promoviendo aun más el descrédito del sistema de partidos y sus referentes tan necesarios para la democracia.

Los medios de comunicación no son neutrales en esta contienda, juegan a fondo sus intereses para promover a uno u otro candidato que les garantice su patrimonio o intereses. El nuevo formato de programas políticos con seis o más panelistas de distintas especialidades somete a los candidatos políticos a una avalancha de gritos y reclamos en donde es imposible estructurar algún recurso discursivo para expresar alguna idea más o menos coherente o al menos mostrar alguna empatía sobre el futuro de todos los argentinos y sus reclamos más urgentes.  
Argentina se muestra cada día más como una sociedad inmadura; sus representantes son un reflejo de ello salvo unas pocas excepciones, la  proximidad de las elecciones ha hecho que los argentinos estemos solamente  pendientes  de quién va a ser el próximo presidente, en vez de organizar un proyecto común para los próximos cincuenta años y luego ver quien está en mejores condiciones de llevarlo adelante en los próximos cuatro; la razón de este impedimento además del incierto camino que debemos recorrer para lograrlo, radica en el poco apego que tenemos para encarar el trabajo que implica la construcción de un proyecto de país que tenga como virtud establecer normas de convivencia que permita al conjunto desarrollar sus  expectativas personales.   
Argentina entró en una extraordinaria lucha por el poder en donde la dispersión de fuerzas políticas anuncia profundos desacuerdos entre la clase política misma y los ciudadanos, esto es lo contrario de lo que se busca en el armado de grandes frentes electorales que requiere ingentes esfuerzos para lograr consensos; el dique de contención que establecían los dos partidos tradicionales (Peronismo y Radicalismo) ya no existe, allí los candidatos dirimían sus diferencias entre sus afiliados y salía un único candidato fortalecido por el conjunto de su partido, hoy, casi nada queda de aquella metodología y como consecuencia de ello proliferan múltiples candidatos que se ven con el derecho de ser elegidos no solo por sus  afiliados sino por todos los argentinos, nacionalizando así sus diferencias y proyectando sus crisis partidarias a las internas abiertas, así el gran partido nacional es la patria y su interna son las Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias (PASO).  

Todos los sectores se muestran con un buen número de jóvenes exponiendo  que están a favor de lo nuevo que está por venir ofreciéndoles grandes oportunidades de participación; caras nuevas en la política equivale a que nuevos actores comienzan a hacerse cargo de enfrentar la realidad presente (esto es nuevos liderazgos para nuevas realidades); sin embargo, esto recuerda a lo que otrora fue el cupo femenino en las listas partidarias y listas para cargos electivos, las caras femeninas que emergieron terminaron siendo esposas y amantes con lo cual se llenaron los cupos femeninos respaldados por viejos dirigentes y sus poderosos aparatos (no vaya a ser cosa que se les licue el poder) así fue que como resultado de ello tuvimos nuevos actores pero con viejas prácticas políticas. Como consecuencia de ello y haciendo una ligera mirada crítica del nuevo escenario político, me temo que  algo parecido está sucediendo con muchos jóvenes que ingresaron a la política con buenas intenciones (aunque también los hay precoces ambiciosos)   
La paridad de fuerzas políticas en La Argentina de hoy nos muestra que se está configurando un escenario complejo e incierto a la hora de gobernar un país que todavía se muestra anárquico y poco afecto al respeto de las leyes que la constituyen. La proliferación de nuevos factores de poder disputan los espacios de decisión (y económicos) de La Nación como si ésta fuera un botín de guerra; la peligrosa asociación entre política, delito (narcos) y fuerzas del orden pueden hacer fracasar cualquier intento de construir una gran Nación. Mientras los políticos, los economistas, los industriales, los gremialistas, los religiosos, los hombres de la justicia, los de seguridad no encuentren puntos de convergencia en común, nuestro país seguirá errático sin encontrar el camino de otras naciones que construyen mejores condiciones de vida para el conjunto de su pueblo.   

¿Qué quedará de todo este desaguisado en donde el toma y daca es la regla?, nadie lo sabe, lo cierto es que una Argentina invertebrada emerge sin que nadie reaccione acerca de sus sombrías consecuencias.
Cuando un pueblo no reacciona ante el peligro que conspira contra el avance de la construcción social de La Nación, es porque ha perdido la voluntad de ser libre.   
VICENTE SCORDAMAGLIA


lunes, 3 de noviembre de 2014

RELATO SALVAJE

RELATO SALVAJE

 “Se non é vero, é ben trovato” “si no es cierto, es una buena historia”.
Proverbio Italiano

Desde que el Juez Griesa dictó sentencia sobre los llamados fondos buitres, Cristina de Kirchner y los camporistas en el poder, no hicieron otra cosa que hablar de ello estructurando un discurso de ocasión para la emergencia, en el cual, transfieren todos los males que sufre este gobierno a la acción sistemática y siniestra de un grupo de especuladores financieros que apoyados por los imperialistas del norte, intentan desestabilizar al gobierno argentino con el fin de desgastar a Cristina antes que esta deba dejar el gobierno nacional porque así lo impone la Constitución Nacional y la Ley Electoral vigente.

El viraje del relato kirchnerista se da en el momento en que el gobierno (arrastrado por los problemas económicos y la falta de dólares) se disponía a transitar el camino de la “inserción” de nuestro país (ajuste mediante) en los mercados internacionales con el claro objetivo de conseguir dólares frescos que oxigenen a su gobierno para llegar con alguna holgura al final de su mandato. En el momento en que las dificultades comenzaban a arrinconar a Cristina y sus muchachos, un juez del imperio les ofrece un atajo impensado, esto es, transformar en bandera de lucha la pelea contra los buitres y sus aliados imperialistas agitando la consigna de la independencia económica  y la soberanía política; con este argumento político perfecto, transita Cristina con su relato a cuestas los últimos días de su gobierno, realizando ingentes intentos de perpetuarse en el poder o salir de él lo más indemne posible.

Si le dieran a elegir a este gobierno, que se apresta a llegar al final de su mandato después de gobernar casi doce años, sin interrupción, con todo el poder a su disposición, entre irse vencido por el poder de los votos de las mayorías, con una ciudadanía fatigada de tantas mentiras y sin dejar resuelto ninguno de los problemas estructurales que tiene nuestra Nación (como ser una economía sólida, energía autosuficiente, pleno empleo, seguridad, salud digna, educación de excelencia, mejores niveles de equidad institucional, funcionarios probos que no estén desprestigiados por denuncias de corrupción y una sociedad emocionalmente más equilibrada que promueva nuevas respuestas a los desafíos de la “modernidad”) o en su defecto, alejarse del poder dejando la imagen de haber sido un gobierno “revolucionario” que combatió al enemigo de la patria que  en todo momento la quiso sojuzgar; dejando girones de su vida en esa lucha heroica transformándose en ejemplo épico y señalando el camino de la libertad para las nuevas generaciones de argentinos, no tengan dudas que esta última sería la elegida por ser la más trascendente; pero por más que todo esto en la realidad sea una ficción ¡en esto último está empeñado el gobierno nacional! 

Todos sabemos que el esfuerzo diario de cambiar la realidad que realiza Cristina desde la retórica (cadena nacional) y los anuncios rimbombantes para transformar las principales leyes que van a regir la vida de los argentinos por los próximos cincuenta años, no alcanzan para esconder la crisis existente, que va, desde el errático plan económico, hasta la ineficiencia de su actual gestión en todos los niveles, mucho menos alcanza para camuflar el doble estándar (decir ser una cosa cuando en realidad se es otra) de todos sus funcionarios que viven en un lecho de rosas mientras el conjunto del pueblo comienza a sentir los efectos de la crisis en todos los órdenes de su quehacer cotidiano; es que todos los dirigentes de este gobierno asumieron lo que sintetizó John Lhock en una frase cuando señalaba:  “si la realidad no concuerda conmigo peor para la realidad”.

Es indudable que han sido sujetos talentosos en transformar sus debilidades y derrotas en fortalezas épicas, sabedores que desde el punto de vista comunicacional aseguraban que “quien controla el relato manipula a la opinión pública”; en ese sentido son verdaderos alquimistas del relato, ofreciendo una versión ajustada a cada necesidad; pero poco les importa lo que piense la gente ya que en este sentido nadie cree que lo que están realizando se trate de una revolución, ni mucho menos una reforma, apenas es una reproducción de viejos sistemas perimidos arropados  de “nacional y popular”.      

Por ello, la oposición se ve sorprendida por el vigoroso empeño de apurar leyes (código civil y otros) que deberían surgir del debate profundo y llegar a un consenso de todos los sectores con representatividad civil, judicial y parlamentaria que garantice una mejora institucional por los próximos cincuenta años de la vida de los argentinos; pero lo que sucede es que estas “reformas” de último aliento no están orientadas a mejorar la calidad institucional sino por el contrario están dirigidas a alcanzar dos objetivos fundamentales, la búsqueda desesperada de encontrar algún artilugio institucional que permita retener el poder por un lado o en su defecto condicionar al próximo gobierno que permita al Kirchnerismo puro salir indemne de esta debacle institucional  asegurándose a futuro un buen número de adherentes rentados pensando en un pronto retorno al poder.  

Finalmente quiero terminar citando una frase de Hannah Arendt que resume este escueto análisis: “El poder se actualiza solamente cuando las palabras y los hechos no se han distanciado entre sí, cuando las palabras no se usan para ocultar las intenciones sino para revelar las realidades, y los hechos no son empleados para violar y destruir, sino para establecer relaciones y crear realidades”

VICENTE SCORDAMAGLIA