lunes, 11 de marzo de 2019

“DEL DERECHO Y DEL REVÉS, UNO SÓLO ES LO QUE ES Y ANDA SIEMPRE CON LO PUESTO”

Artículo de opinión
“DEL DERECHO Y DEL REVÉS, UNO SÓLO ES LO QUE ES
Y ANDA SIEMPRE CON LO PUESTO”
Por: Vicente Scordamaglia

La campaña electoral 2019 en Argentina comenzó con una aspereza inusitada. Las acusaciones, calumnias y operaciones (de un lado y otro) para vincular a los candidatos con los peores males de la Argentina, escalan peligrosamente en un escenario de extrema conflictividad social, contexto este donde ya nadie disimula sus intereses y los sectores más activos de la sociedad (políticos, gremiales, jueces, fiscales empresarios y medios de comunicación) juegan sus intereses a fondo para no quedar involucrados con el nuevo fracaso argentino al que inexorablemente nos conduce el gobierno de la coalición gobernante. 

Es poco probable que a esta altura de los acontecimientos tanto mensaje inducido influya en el electorado nacional, cansado ya de operaciones de desprestigio que involucran ya no solo a la clase política, sino a todo personaje público con alguna aspiración política o expectativa de poder. Salvo unos cuantos desprevenidos que les promueva algún efecto en sus decisiones, la gran mayoría  del electorado nacional ya no compra más verdura podrida y espera de su clase dirigencial respuestas urgentes y definitivas a los múltiples problemas que afectan a la población.

Aterrorizando a la gente en caso de que si ganara algún candidato de la oposición el país se  encamina al infierno tan temido, suena provocativo y hasta   irresponsable ya que la mayoría de los argentinos se ven ya en las puertas del purgatorio consumiendo el último aliento de sus esperanzas.

La ingeniería pergeñada por los mentados estrategas de campañas presidenciales comenzaron con declaraciones fallidas, las perturbadoras declaraciones realizadas por el mismo Durán Barba (en caso de que gane Cristina creará milicias populares) tratando de infligir temores desmesurados a los ciudadanos con mensajes apocalípticos, no hacen otra cosa que ensanchar aun más la grieta que divide a los argentinos.
Es evidente que la necesidad de profundizar la grieta en beneficio propio, muestra con claridad la falta de percepción que tienen estos insensibles sujetos a la hora de testear el ánimo de la gente para las próximas elecciones, inventando espejismos inalcanzables con declaraciones falaces sobre la conducta de la oposición (posibles remplazo al gobierno nacional) creyendo que de esta forma podrán impedir la construcción de una alternativa presidencial.  
En la medida en que se consolide una tercera opción con buenas perspectivas electorales como la que se está configurando dentro mismo del espacio opositor, desaparecerán definitivamente los temores de formar un nuevo gobierno con mejores perspectivas del que está ofreciendo el gobierno del Ing. Macri.

Mientras todo esto sucede, los políticos argentinos por estas horas, comienzan a padecer el síndrome que recorre a todas las democracias del mundo en estos tiempos electorales, algo tan elemental pero necesario como el que la obtenga, correrá con una ventaja comparativa sobre el resto: “La credibilidad”. En esta época de desconfianza generalizada en donde “nadie es lo que es y anda siempre con lo puesto” el mandato común para todos los políticos que aspiran a tener el reconocimiento de la sociedad y la búsqueda del voto para las próximas elecciones presidenciales, (cuando este tenga que ratificar o rectificar el rumbo del país) será la de seguir consolidando una democracia plena en un país que todavía debe saldar con suma urgencia el default social en el que se encuentra sumergida la nación argentina por la voluntad de unos pocos en desmedro de la desazón de unos cuantos.
Ni la verborragia extrema ni la falta de comunicación con el electorado, podrán suplantar la falta de un proyecto de nación que redunda en la ausencia de representatividad que padece la clase dirigencial argentina. En el mismo momento en que todos proponen lo mismo descargando la responsabilidad de la gravedad que padece nuestra nación en los otros y en donde el electorado es bombardeado por los medios de comunicación con episodios de corrupción y delitos varios, la sociedad acumula su bronca para ser descargada a la hora de elegir a sus próximos representantes. Así, en este contexto confuso y complejo, la búsqueda de la verdad será lo que marque la diferencia entre uno y otro proyecto a la hora de dirimir el voto popular en donde se  ratificara  o rectificará el rumbo económico y político que ha tomado nuestro país. Millones de argentinos quieren conocer la verdad tal cual es, y construir sobre la base de ella un progreso que el tiempo en su transcurso ratifique y fortalezca.

¡Nunca es triste la verdad lo que no tiene es remedio! 

martes, 26 de febrero de 2019

DEMOCRACIAS SOCIALES O DEMOCRACIAS FINANCIERAS

Artículo de Opinión
DEMOCRACIAS SOCIALES O DEMOCRACIAS FINANCIERAS
Por: Vicente Scordamaglia

Los intereses de las elites (los poderosos del mundo) y sus negocios financieros, se han convertido en el exclusivo propósito de la política globalizada. En todo el planeta la verdadera polarización que existe es entre dos modelos de democracia, en las que básicamente concebimos el mundo y estas creencias ya arraigadas en el imaginario dirigencial, son las que definen a la política, esto es: proyectos financieros en favor de las grandes empresas multinacionales o proyectos productivos generadores de empleos que le permitan a la gente desarrollar un proyecto de vida.
  
Luego del período de la guerra fría (a la salida de la segunda guerra mundial) el neoliberalismo fue dejando atrás las prácticas de dominación mediante métodos cruentos, en donde los golpes de estado fueron su herramienta disciplinadora principal sobre las naciones que intentaban independizarse de la hegemonía sujeta al imperialismo norteamericano o en su defecto, la de su socio la Unión Soviética (tratados de Potsdam y Yalta) antes de que esta última comenzara a desmoronarse producto del derrumbe económico y la fragmentación de los países de la unión de estados socialistas. La Perestroika, nombre que puso fin a la guerra fría, dejó como único  vencedor a los EEUU en donde el neoliberalismo comenzó a desplegar nuevos formatos de dominación impulsando democracias con gobernantes flexibles y funcionales afines a sus intereses; pero faltaba para completar el modelo de dominación, construir un andamiaje financiero que sostuviera a estos regímenes a raya con el fin de mantener su hegemonía militar en defensa de los recursos económicos a salvo del acecho de los pueblos que reclamaban soberanía nacional, territorial y económica: esto fue el llamado capital financiero que mediante un supuesto “desarrollo” para los pueblos y el fortalecimiento de las democracias, endeudaba a los países y ahogaba su futuro en siderales deudas económicas imposibles de pagar acentuando así su dependencia y fidelidad a los organismos internacionales controlados por el imperio vencedor.
Para ello solo necesitó contar con unos cuantos bancos y sectores de la sociedad afines a su especulación financiera dando así  inicio al período más nefasto de la historia económica de las naciones y el inicio de las democracias vigiladas como nunca se ha visto en toda la historia política de la humanidad.  

Para estos modelos que yo llamo planes financieros, basta con implementar una política que brinde unos cuantos beneficios a una población que no exceda a la de una población calificada de más de diez millones de personas ya que el modelo está diseñado no para realizar programas productivos, y como consecuencia de ello la de crear políticas distributivas, sino para movimientos de capitales especulativos que les permitan a los nuevos especuladores del mundo hacerse con fortunas inconmensurables a expensas de la pobreza de los pueblos que quedan afuera del reparto y de cualquier proyecto posible de inclusión.

Hoy los pueblos se debaten entre mantener la política financiera de hambre y exclusión tal cual como lo pregona el libre mercado, en donde la prioridad son los negocios con poca  intervención del estado dejando afuera del sistema a millones de trabajadores y sus familias en contraposición a la política social que sostiene programas productivos con una justa distribución de las riquezas y la intervención del estado en cuestiones elementales como la educación, el trabajo y la salud base fundamental para el desarrollo de los pueblos.  

Un ejemplo de lo que estamos hablando y que llama a la reflexión, es el de Alemania, este fue uno de los países que más plata prestó para paliar la crisis económica que viven los griegos. Esto fue tanto por dentro del Fondo Monetario Internacional (FMI) como por fuera en convenios bilaterales al punto tal que  cuando la crisis alcanzaba su máximo rigor, esto fue cuando los Griegos (en el 2010) debieron refinanciar su deuda Ángela Merkel exclamó: Si no pueden pagar con plata que entreguen una isla.
En esta misma línea debemos observar con suma atención como se desmorona el mayor experimento multicultural que fue La Unión Europea y que hoy se resquebraja aceleradamente haciendo volar por el aire el estado de bienestar que incorporó a millones de trabajadores a una distribución de la riqueza sin igual creando las condiciones del período de bienestar más largo de la historia de Europa en donde reinó la Paz, la  prosperidad y un sistema de democracias más justa y solidaria que en otro período de la historia de la civilización occidental.  


Hoy el mundo es multipolar, Rusia y China se suman al reparto del mundo y sus recursos mientras la Unión Europea se replantea su proyecto. En este contexto las crecientes tensiones entre los poderosos del mundo globalizado y la inevitable lucha por los recursos  fundamentales para la subsistencia humana y una desmesurada guerra  por los mercados comerciales, están poniendo en peligro la frágil paz entre los pueblos empujando a la humanidad a una guerra global de consecuencias catastróficas; en este sentido las democracias sociales que tengan en el centro de su proyecto al hombre y no a los mercados pueden ser el camino para alejarnos definitivamente de un destino catastrófico de nuestra historia.

jueves, 10 de enero de 2019

BUENAS INTENCIONES Y TENSIONES POR VENIR

Artículo de opinión
BUENAS INTENCIONES Y TENSIONES POR VENIR
Por: Vicente Scordamaglia

La campaña presidencial de 2019 se ha iniciado llena de deseos y buenas intenciones (de toda la clase política nacional) como marcan los modales de la política elemental; máxime  cuando son efectuadas en el marco de las fiestas navideñas, año nuevo y reyes que enternecen hasta los corazones más duros y desaprensivos de todo el escenario nacional, todos sin excepción (oficialismo y oposición) exteriorizan un mensaje alentador de buenos deseos y tiempos mejores por venir. 

Lo cierto es que esta realidad tiene patas cortas y una vez que las fiestas concluyan, como un espejismo en un desierto aterrador que todo lo destruye, da paso a la dramática realidad que viven la gran mayoría de los argentinos, sin ir más lejos, el gobierno nacional se despachó con un brutal regalo de fiestas ajustando  una vez más todos los servicios que impactan directamente en las capas medias y bajas de la sociedad argentina.

Ya es casi obsceno y de masoquismo extremo, seguir torturándonos con los números estadísticos (que dan cuenta de la dramática situación) que provienen de todos los ámbitos gubernamentales, privados o encuestas provenientes de la oposición al gobierno nacional, que indican la dramática situación que viven millones de argentinos; son si se quiere coincidencias unánimes que cada uno instrumenta y relata como mejor le parece, en este sentido el oficialismo argumenta que el actual plan económico es el único camino que le queda a la Argentina por recorrer esto es, ajustar la economía hasta límites intolerables, seguir achicando el Estado para obtener el déficit cero, aumentar desmesuradamente todos (sin excepción) los  servicios públicos para “mejorar” sus prestaciones y endeudar a los argentinos para sostener el déficit fiscal generado por el gobierno anterior y aumentado por la actual administración nacional. En todas estas imposiciones que los organismos internacionales aplican sobre los argentinos, no hay una sola señal que nos muestre que la actual deuda con el fondo (FMI) esté destinada a la producción y el estímulo a la mejora de la situación social que impulse a la producción y a su vez de paso a la generación de empleos, que como consecuencia de ello permita mejorar la calidad de vida para todos los argentinos.

En este escenario que pinta más que dramático para vastos sectores de la sociedad argentina, las buenas intenciones se van convirtiendo en las nuevas tensiones por venir que tendrán su correlato final en el nuevo proceso electoral, que culminará con la posibilidad de que una nueva administración pueda cambiar el rumbo económico que está devastando los sectores productivos del país y la esperanza de los argentinos de vivir en una nación más justa y solidaria.

Mientras los negocios y los intereses de las élites gobernantes (amigos del poder) sea el único propósito de quienes gobiernan, los argentinos seguiremos sumergidos en una pesadilla que no tiene fin. 
A propósito: ¡buen año!   



martes, 11 de diciembre de 2018

MOVIMIENTOS SOCIALES

Artículo de opinión
MOVIMIENTOS SOCIALES
Por: Vicente Scordamaglia

A lo largo de toda la historia de la humanidad, los movimientos sociales han sido la palanca de cambio en las naciones que buscan mejorar su calidad de vida mediante la transformación de su sistema político. La construcción de un código de convivencia que es el que  permite a los pueblos llevar adelante sus expectativas de vida, hoy, parece desgastado y fuera de época. En todo el mundo globalizado, las tensiones están remplazando a las buenas intenciones producto de profundos y permanentes cambios que obligan a interpretarlo todo de nuevo. La sociedad mundial, atravesada por relaciones de poder y antagonismos, se ve sacudida por el creciente protagonismo de la gente que pone en el centro de la discusión a todo el sistema institucional y democrático. 
Los movimientos sociales surgen de crisis políticas en donde el sistema de representaciones no da respuestas a sus múltiples demandas y como consecuencia de ello, colapsa; son organizaciones libres del pueblo que emergen con una profunda desconfianza de fondo en las instituciones partidarias, sobre todo, en su clase dirigencial que ya no los representa. Esto hace que la crisis de legitimidad motive a la gente a tomar los conflictos en sus propias manos, participando en acciones colectivas para defender primero sus derechos y en última instancia, cambiar a sus gobernantes si así fuera necesario.
No solo emergen como consecuencia de una profunda crisis y la falta de respuestas a sus reclamos, sino y por sobre todas las cosas, porque la gente ha perdido la confianza en ellos y ya no los considera sus referentes.
Los grandes proyectos políticos que transformaron la realidad de la gente (nueva categoría sociológica que reemplaza a la de pueblo) se produjeron por la combinación de varios factores que indistintamente fueron el disparador de una transformación que dio vida a nuevas formas de organización política y social, es en ese contexto donde surgen los nuevos líderes (conductores) que se ponen al frente de la crisis y se ven impulsados a la búsqueda del poder para dar respuesta a las demandas populares e institucionalizar los nuevos mecanismos de las múltiples demandas que la gente reclama.     
En nuestro país, tomando el último período político de 1983 a 2018, el sistema democrático que intentaba hacer pie después de la larga noche de las dictaduras militares que se sucedieron así mismas, se vio agitado por  episodios de extrema conflictividad social, política y económica que erosionaron la legitimidad de la columna vertebral de la incipiente democracia: los partidos políticos. La hiperinflación de Alfonsín, la convertibilidad que afectó la credibilidad de dos gobiernos, esto fue el final del período Menem Cavalo y el estrepitoso fracaso de la alianza de De La Rua y Cavalo que desembocó en las trágicas jornadas del 2001, demolieron la credibilidad de la gente. De allí en adelante la Argentina toda, no pudo resolver su conflictividad que no solo llega hasta nuestros días sino que por la disgregación de sus fuerzas políticas, los conflictos sectoriales van en aumento.   
Los “movimientos sociales” no son solo una curiosidad local, son un fenómeno mundial que en muchos otros países han logrado instalar en la agenda nacional las demandas sociales que en el pasado habían sido silenciadas por gobernantes inescrupulosos en connivencia con una élite financiera que atiende solo los intereses de su sector en detrimento de las mayorías populares de trabajadores que ven como se ensancha, día tras día, la brecha entre ricos y pobres. Por poner algunos ejemplos, observamos como los movimientos sociales dieron vida a lo que se denominó “la primavera árabe” que  logró desmontar años de injusticias en la región produciendo cambios significativos en el controvertido mundo Árabe.  Los okupas en España son otro caso que dio origen a cientos de miles de personas agrupadas en otro movimiento de indignados el llamado M15 obligando a sus gobernantes a instalar en la agenda nacional la problemática de los sin techo y la creciente masa de parados (desocupados) como ellos los llaman. Hoy tenemos un caso muy fresco como el de los chalecos amarillos que frente a un detonador como el desmesurado aumento de los combustibles reaccionaron con marchas virulentas que obligaron al presidente Macrón a rever las medidas tomadas que provocaron una suerte de insurrección civil. Así como estos episodios, hay cientos de ellos que recorren el escenario mundial, pero así como destacamos la singularidad de sus prácticas y su modus operandi a través de las redes sociales, del mismo modo observamos su incapacidad (salvo algunas excepciones) para construir poder político y consensos que articulen programas de gobierno y estructuras partidarias que les permita llegar al poder.
La expansión del capital financiero y su desmesurada especulación en los mercados mundiales a expensas del capital productivo, explican el derrumbe de todo el sistema de convivencia alcanzado por el contrato social que elevó y mejoró la condición de vida de grandes sectores de la sociedad mundial. 
En nuestro país se da la particularidad de que aquel proceso iniciado en el 2001 por una serie de movimientos sociales desplegados a lo largo y ancho del sistema político nacional con el lema “que se vallan todos”  todavía no pudo producir relevos significativos en su clase dirigencial y crear formas innovadoras para construir poder.      
Por ahora al igual que en otras partes del mundo, en la mayoría de los casos los reúne y los moviliza una serie de demandas comunes, solo en algunos casos como lo fue el movimiento Podemos en España que logró colocar un buen número de legisladores en los parlamentos regionales cumpliendo un rol destacado votando leyes que la población reclamaba. Así mismo en otros países apenas alcanzaron a instalar en la agenda política temas controversiales para la sociedad pero no pasaron de ser masa sin cantero.
Lo cierto es que los movimientos sociales están siendo el verdadero sujeto del cambio en el mundo globalizado que se expande sin declinar su intensidad, habiéndose transformado (como los chalecos amarillos que están jaqueando al gobierno de Macron en Francia) en el único instrumento de contrapoder que tiene a mano la gente para frenar las políticas económicas de ajuste que se están instalando en gran parte de los países del mundo globalizado ante la declinación manifiesta de los partidos  políticos de las democracias del mundo.
Las clases medias empobrecidas están en rebelión y no se resignan a bajar su estatus social: en Europa, porque se caen del estado de bienestar y en los países subdesarrollados como el nuestro, porque se caen de años de pobreza estructural. El resultado de estos verdaderos levantamientos sociales es que han comenzado a adquirir su propia lógica, esto es, por fuera de la dirigencia política y por fuera del sistema de partidos de la democracia sugiriendo quizás con su constante movilización, que estemos asistiendo al nacimiento de nuevas formas de organización políticas que cambiarán para siempre los procesos democráticos en todo el mundo “civilizado”.


jueves, 15 de noviembre de 2018

LOS BROTES VERDES DE BOLSONARO



 Artículo de Opinión
LOS BROTES VERDES DE BOLSONARO
Por: Vicente Scordamaglia

Si como decía Humberto Eco “más difícil que probar que algo es falso es probar que es verdadero”. El caso Bolsonaro en Brasil puede sintetizar una muestra del nuevo ciclo que comienza a consolidarse en gran parte de los países con poca tradición democrática (salvo algunas excepciones) como gran parte de la región sudamericana incluyendo el nuestro. Un candidato que no figuraba en las expectativas electorales se alzó con el voto de las grandes mayorías Brasileñas que en los últimos años de desorden institucional este personaje llegó a clamar a voz en cuello los dislates más aberrantes de todo el vocabulario nefasto que los constructores de los manuales políticos podían haber imaginado.

Este personaje que hoy nos ocupa por su singularidad, se transformó en el emergente de una sociedad en crisis que viene manifestando su frustración y hartazgo frente a los distintos modelos políticos y económicos que vienen colapsando frente a la compleja realidad presente.
Si solo fuera por la larga lista de sus aberrantes dichos, encontraríamos inexplicable lo recientemente ocurrido en el país vecino del Brasil, pero la realidad es un poco más compleja que la simple descripción ideológica de un liderazgo político, es y por, sobre todo, el correlato de un fracaso de la clase política que se vio expuesta ante la sociedad en su conjunto, no por sus virtudes morales y políticas sino esencialmente por sus actos de corrupción. 
¿Cuál es el efecto de la onda expansiva que este singular hecho político despliega sobre el conjunto de la región? Durante años de construcción social de nuestra identidad nacional política y cultural, los argentinos (pensemos como pensemos) hemos silenciado actos de corrupción y verdadero vandalismo con las cuestiones del estado nacional en todos los niveles que se los quiera apreciar. Además, si a esta descripción le sumamos una profunda recesión como la que vive hoy Argentina, nos daremos cuenta que la sociedad vive con mucho miedo al percibir el futuro no como una oportunidad sino como una peligrosa amenaza.
Para tomar solo el período del último ciclo democrático en donde hemos pasado sin escalas, de los brutales golpes de estado a una escandalosa corrupción que carcome las entrañas morales de nuestra democracia, el impacto causado por los episodios ocurridos a partir de los contratos de la empresa Odrebetch que se extendió en varios países incluyendo el nuestro, dejaron al descubierto una trama de corrupción de la obra pública con dos engranajes que no se los puede soslayar: uno es el que paga y otro es el que cobra involucrando en el medio a una serie de funcionarios de instituciones gubernamentales necesarios para que el delito vinculado con el estado público, funcione adecuadamente en beneficio de una clase política y sus socios, empresarios inescrupulosos, atravesados ambos por los mismos disvalores; lo contrario de lo que sostenía Aristóteles cuando decía que  “ser virtuoso se aprende con el ejercicio de los hábitos buenos, con formación, con experiencia y tiempo para ejercitarse en ellos”; así, estos personajes que se enriquecieron con dinero mal habido hicieron de la corrupción un hábito perfecto para delinquir.   

¿Cómo reformar una clase política corrupta?
¿Cómo reformar un capitalismo corrupto? Ambos actores son parte de una misma trama en donde trabajan unidos para que estos sectores (indispensables para toda sociedad que desea vivir en democracia) obtengan importantes beneficios económicos por sobre el verdadero valor de los gastos del estado.  

La escandalosa brecha entre ricos y pobres que día tras día se ensancha sin parar, sumado a episodios de violencia cotidiana en nuestra sociedad como robos y secuestros, crímenes aberrantes de menores y el desmesurado avance de los narcos, producen en todos los sectores (ricos y pobres) de la sociedad una repulsión difícil de digerir cuando se convive a diario con tanta crueldad y con una prensa activa que se encarga a diario de amplificar y difundir. No justifico, pero es entendible que, frente a este contexto aberrante y grotesco, la sociedad se sienta indefensa y clame por reconstruir el mundo anterior “de gobernantes fuertes” que, en algunos aspectos, ofrecían “mayor seguridad”. Frente al crimen de la piloto de karting Zaira Rodríguez y en medio de los legítimos reclamos de los vecinos se escuchaba con énfasis decir que si la policía está desbordada que venga la gendarmería.
Los miedos, la indefensión y la angustia de la gente es el marco necesario para el advenimiento de sistemas autoritarios que creíamos ya perimidos.

De esta suma de episodios es de lo que se valen algunos políticos que asomaron como brotes verdes de Bolsonaro ofreciendo reconstruir un estado represor con claros signos de xenofobia, racismo camuflado y represión para todo aquello que se considere marginal o potencial amenaza, borrando de un plumazo aquellas conquistas adquiridas que la sociedad en su conjunto viene consiguiendo a fuerza de dejar en el camino por su lucha libertaria girones de su vida por alzar bien alto la bandera de vivir en un estado de derecho y libertad.    

lunes, 29 de octubre de 2018

¿QUÉ MODELO DE DEMOCRACIA SEGUIR?

Artículo de Opinión
¿QUÉ MODELO DE DEMOCRACIA SEGUIR?
Por: Vicente Scordamaglia

“CUANDO CHINA DESPIERTE EL MUNDO TEMBLARÁ”
NAPOLEÓN BONAPARTE

Mezcla rara de “shusheta” y de Mimí es quizás la definición que mejor ilustra a nuestra querida y controvertida nación. Los episodios que se suceden a diario en la clase política argentina entre Macri y la mentora del frente cambiemos Elisa Carrió por un lado, y los amagos de la Justicia junto a las amenazas gremiales por otro, sitúan a la Argentina a la vanguardia de un país sin autoridad política, sin proyecto de nación y como consecuencia de ello sin destino en el mediano y largo plazo.

Las extorsiones y las amenazas (fuego cruzado) tras los actos de corrupción que la justicia direcciona a discreción junto a un sector de la prensa que se encarga de instalar visualmente en la opinión pública, están ahogando la posibilidad de que alguno de los actores políticos involucrados en la vida nacional de esta trama perversa de matones y canyengues, consiga salir  indemne de tantos episodios de corrupción que habitan de un lado y otro de la grieta nacional en desmedro de pulverizar, las defensas morales de nuestra “inmadura” democracia.      
Es evidente que el presidente Mauricio Macri no midió las consecuencias cuando decidió meter de lleno a la Argentina, no solo para integrarla al mundo (desde el punto de vista ideológico) sino también en la pelea comercial que hoy están librando las economías  más poderosas que operan a nivel global, sin perjuicio de las consecuencias dramáticas que esta decisión tiene para aquellos países como el nuestro que todavía no cuentan con la protección adecuada de  su débil economía nacional que le de resguardo ante las turbulencias que esta disputa produce.
Una profunda ruptura y la consiguiente fragmentación de todos los valores sociales políticos y económicos recorren la sociedad mundial como una pandemia imposible de detener. Los cambios que se proponen para la época, brutales por su contenido e injustos por sus resultados, dan cuenta de reformas que dejarán a millones de personas sin trabajo y sin el sustento mínimo para atender sus necesidades básicas elementales para su mínima subsistencia, en este sentido, es alarmante ver como emergen en el escenario internacional personajes que desde fuera de la política proponen arrasar a sus oponentes: “vamos a barrer del mapa a esos bandidos rojos” dicho por Bolsonaro presidente electo en las elecciones Brasileñas. Los nuevos liderazgos que gobiernan gran parte de los países del mundo se hacen fuertes en un discurso que está por fuera de los partidos tradicionales y de toda interpretación ideológica posible solo entendible en relatos que cuestionan la lógica política vigente que viene derrapando sin terminar de entender los desafíos actuales.       
Las revoluciones socialistas que alumbraron al mundo en el siglo XIX y perduraron aun gran parte del siglo XX, han dejado de ser un paradigma posible para resolver la problemática actual dada la complejidad de las economías mundiales que están haciendo fracasar incluso a la social democracia europea que desde su creación dio inició a un período prolongado de tiempo con aceptables índices de distribución de la riqueza y que además tuvo la virtud de  incorporar al estado de bienestar a su masa trabajadora y una mejora en la calidad de vida  de millones de personas, en gran parte de Europa y países periféricos. Hoy en día, estos modelos que se hubieran podido tomar como ejemplo, comienzan a mostrar su agotamiento en el modelo de políticas sociales y económicas, recorriendo el camino inverso expulsando a cientos de miles de trabajadores  fuera del sistema laboral sin destino cierto.
Por otro lado como consecuencia de esta crisis política internacional que se manifiesta en los mercados y las economías del mundo, emergen con fuerza movimientos “populares” (me resisto a llamarlos populistas) que en nombre de una mejor distribución de las riquezas pretende incluir a mayor cantidad de personas a un sistema de gobierno que tenga aceptables índices de justicia social.  
Un tercer modelo que se despliega con fuerza desbordante y está cambiando la ecuación de las economías mundiales, es el modelo Chino. Mezcla de un sistema de explotación laboral del siglo XVIII junto a un agresivo modelo económico de expansión que obliga a aquellos países que alcanzaron un cierto bienestar a promover profundas reformas laborales con la consiguiente inestabilidad social, política y económica que estas medidas ocasionan. 

El acceso a los mercados comerciales del mundo, hoy disputados fuertemente por las grandes potencias, exige una rigurosa disciplina monetaria, bajos costos de mano de obra (barata) y estructuras de producción sólidas que permitan entrar en una competencia voraz por los mercados globales.    
En nuestro país se intenta instalar un modelo económico de libre mercado que no se ajusta a la realidad presente de nuestro tiempo, mucho menos a la realidad caótica de nuestra golpeada Argentina.

En tiempos en donde las economías de los países más avanzados cierran sus fronteras y protegen su economía local, su industria y sus trabajadores nuestro país recorre un camino inverso y se abre al mundo sin ningún tipo de protección que le ponga un freno al avasallamiento de nuestra economía nacional.
Volver a las recetas del Fondo Monetario Internacional (FMI) con su programa económico que ha fracasado en todos los países en crisis, es retomar el camino que conduce al precipicio; es endeudarse para pagos de intereses de dinero que nunca entrará a nuestro país para reactivar la economía y comenzar un nuevo ciclo virtuoso, por el contrario, son fondos para sanear el déficit fiscal del gobierno o se aplicaran para liquidar los intereses del dinero que entró para jugar en la timba financiera en donde los únicos ganadores de este nuevo jubileo: son los bancos.

El nuevo presupuesto 2019, aprobado a palos y gas pimienta (al igual que la reforma previsional) no hace otra cosa que exteriorizar lo impopular de las medidas económicas que adoptó el gobierno de Macri, que solo tiene como plan estratégico de gobierno, descargar todo el peso de las reformas que el país requiere sobre las espaldas de los trabajadores y sus familias.     

El nuevo presidente de Brasil, Bolsonaro, anuncia un nuevo tiempo por venir para toda la región, habrá que ver entonces cual es la opción según las nuevas categorías políticas que se han instalado y sus resultados, a partir de allí surge el interrogante: ¿Qué modelo de democracia seguir? ¿Populismo de izquierda o Populismo de derecha?. Habrá que ver, el tiempo y los hechos nos darán la respuesta.  


lunes, 8 de octubre de 2018

LA LAMPARA DE ALADINO

Artículo de Opinión
LA LAMPARA DE ALADINO
Por: Vicente Scordamaglia

Pretender dar una respuesta precisa acerca de las crisis (política y económica) recurrentes que vive Argentina en el transcurso de su devenir democrático, es, se me ocurre, la tarea más compleja que se plantea la sociedad en su conjunto. Desde las disparatadas propuestas para votar a personajes de la farándula por el solo hecho de ser famosos, hasta otros que tan solo por ser profesionales exitosos pueden ser sujetos de ser elegidos para conducir los destinos de nuestra nación, son dos posturas que hablan de nuestra inmadurez o incapacidad selectiva para buscar hombres extraordinarios para situaciones  extraordinarias que vive el mundo en general y nuestro país en particular. 

Caminando una y otra vez por senderos peligrosos, la democracia argentina avanza a los tumbos sin encontrar un modelo de liderazgo que enaltezca la vocación política y encuentre el formato metodológico adecuado  para dar respuesta a los complejos dilemas  en que se encuentra estancada la sociedad argentina.   
Una política que encuentra su mayor expresión en la descomposición del orden social y económico o el desprestigio de su clase dirigencial, no es una alternativa a la crisis, sino más bien, un mecanismo de defensa e instinto de supervivencia en medio de la incertidumbre actual que vive la sociedad argentina frente al brutal e incomprensivo ajuste económico que le plantea el gobierno de Cambiemos a la sociedad toda.  

Parados arriba de uno de los mercados financieros más vulnerables de toda la región, Argentina lucha por encontrar el modelo político y económico que dé una respuesta estratégica a la problemática nacional y sus injustos resultados.
Nuestro país, ha perdido definitivamente la inspiración en aquellos grandes estadistas que habitaron nuestra rica historia de hombres probos que impregnaron con su conducta a la política y otras actividades de la vida nacional siendo ejemplo para la sociedad entera carente hoy de hombres con esa catadura moral.

Querer seguir el camino de la improvisación y la tentación de caminos cortos, nos ha llevado a resultados efímeros y engañosos que nos colocaron en el  colmo de la locura de visualizar espejismos en medio de un desierto desolador y terrible para llegar siempre al mismo punto de partida sin ningún resultado. Hoy, pareciera que solo nos queda encontrar una lámpara mágica en el camino tenebroso y frotarla  con la esperanza de que emerja algún genio y nos ofrezca liberarlo de su cautiverio a cambio del deseo de  alejarnos de las dos tentaciones propuestas de ambos lados de la grieta, que en su descomunal confrontación, están hundiendo al país sin perjuicio de quedarnos con ninguna de las dos opciones y dejar salir al genio de la lámpara y esperar que, una vez libre, se apiade de todas nuestras torpezas y nos ofrezca una mejor alternativa. 

En mil días de gestión el actual gobierno de la coalición cambiemos, generó dos millones de desocupados (2.000.000) con solo el argumento de achicar los gastos del Estado y creer que por allí viene nuestra decadencia como Nación. En realidad, es poco argumento y poco lo que se ahorra el Estado con esta brutal medida perpetrada por esta administración contra personas que trabajan en el Estado por distintas circunstancias y motivos siendo este un derecho adquirido y sancionado en la Constitución Nacional.

Por más que despidan gente sin nuevos destinos laborales no harán otra cosa que generar una gran injusticia social y además crearán un conflicto social de proporciones inconmensurables  imposible de contener en el momento en que los desocupados no encuentren una salida a su dramática situación.

Poco espacio (y tiempo) queda para encontrar una solución, los relatos se queman rápidamente en la hoguera de los sueños perdidos al ser confrontados con la realidad que demanda soluciones urgentes, en este contexto inflamado por las injusticias sociales que vive nuestro pueblo, el oficialismo juega sus últimas cartas en dominar las variables económicas y visualizar como pueda su continuidad el año próximo, la oposición se debate en tiempo récord para dar con el candidato que encabece una alternativa que renueve la confianza de un nuevo comienzo, mientras tanto, el pueblo todo, sufre las penurias de una política errática de ajustes que no tiene fin.